La culebra
De León Tolstoi
Un mujer tenía una hija que se llamaba Macha. Cuando la niña iba a bañarse con sus amigas, se quitaban las camisas, las dejaban en el suelo y saltaban al agua.
Un día, una enorme culebra salió del agua y se enroscó encima de la camisa de Macha. Las amigas de Macha salieron del agua, se pusieron las camisas y corrieron a sus casas.
Cuando Macha fue a recoger su camisa, vio a la culebra y tomó un palo para espantarla, pero ésta, levantando la cabeza, le silbó:
–Macha, Macha, prométeme que te casarás conmigo.
Macha, deshaciéndose en lágrimas, le dijo:
–Te prometo lo que quieras, ¡pero devuélveme mi camisa!
–¿Te casarás conmigo?
–Sí –dijo Macha.
Entonces la culebra abandonó la camisa y regresó al agua.
Macha se vistió, corrió a su casa y le contó a su madre lo que le había ocurrido.
–Mamá, hoy, cuando fui a bañarme, una culebra que estaba encima de mi camisa me dijo que me casara con ella o que de lo contrario no me devolvería la camisa, y yo se lo prometí.
–Eso te lo soñaste –le respondió la madre, riendo.
Una semana más tarde, una manada de culebras se presentó en casa de Macha.
–¡Mamá, las culebras vinieron por mí! –dijo la niña, asustada.
La madre no le creyó, pero cuando se dio cuenta de que su hija no estaba mintiendo, también se asustó y cerró la puerta de entrada a la propiedad y la de la isba (casa de madera) propiamente dicha. Las culebras se deslizaron por debajo de la puerta de entrada, pero no lograron entrar en la isba. Entonces dieron media vuelta, se enroscaron entre ellas, se lanzaron contra la ventana, rompieron el vidrio, cayeron dentro de la isba y avanzaron hacia los bancos, las mesas y la estufa. Macha se había refugiado en una esquina, sobre la estufa, pero las culebras fueron a buscarla allí y la sacaron de la casa. La madre de Macha lloraba y traba de alcan-zarlas, pero las culebras se metieron en el agua llevándose a Macha con ellas.
La madre no se consolaba de la desaparición de su hijita y creía que Macha ha-bía muerto.
Un día, mientras estaba sentada cerca de la ventana mirando hacia fuera, vio a Macha que se aproximaba a la casa con un niñito tomado de la mano y una niña pequeñita en brazos. La madre, loca de alegría, besó a Macha, le preguntó en dónde había estado todo ese tiempo y de quien eran los niños. Macha le respondió que eran sus hijos, que se había casado con la culebra y que vivían juntos en el reino de las aguas.
La madre le preguntó a Macha si le gustaba vivir en el reino de las aguas, y ella le respondió que era mejor que la tierra.
Luego le pidió que se quedara con ella, pero Macha se negó: le había prometido a su marido que regresaría.
–¿Y cómo volverás a tu casa? –preguntó entonces la madre.
–Iré cerca del agua y gritaré “Ossip, Ossip, ven a buscarme”, y mi esposo su-birá a la orilla y me llevará con él.
–Haz lo que creas conveniente –Dijo la madre–, pero al menos pasa la noche aquí.
Macha fue a acostarse y se durmió; mientras tanto su madre tomó un hacha y salió de la casa.
Se aproximó al agua y gritó: “Ossip, Ossip, ven a buscarme”.
Cuando la culebra subió a la orilla, la madre de Macha le cortó la cabeza. La sangre de la culebra se extendió sobre el agua.
Cuando la mujer regresó a la casa, Macha se despertó y dijo:
–Quiero partir, mamá; tengo deseos de volver a mi casa –y tomó a la pequeñita entre los brazos y al niño de la mano y se marchó.
Cuando llegaron cerca del agua, Macha gritó “Ossip, Ossip, ven a buscarme”, pero nadie salió del agua.
En ese momento vio que el agua estaba roja y que la cabeza de la culebra flotaba sobre la superficie.
Entonces, Macha besó a su hija y a su hijo y les dijo:
–Como ya no tienen papá, tampoco tendrán mamá. Tú, hija mía, conviértete en golondrina y vuela sobre el agua; tú, hijo mío, vuélvete ruiseñor y canta cuando amanezca el día; en cuanto a mí, me convertiré en un pequeño cuco y cantaré por mi marido asesinado.
Y los tres volaron en direcciones diferentes.
raul alberto morales